
Toda información que las Escrituras nos dan para afrontar el período de pruebas y zarandeos que se viene pronto resulta útil y oportuna. El propósito de la Palabra de YEHOVAH es instruirnos acerca del camino que debemos cruzar, y las experiencias de los siervos de Dios del pasado nos ayudarán a saber qué hacer y qué no hacer durante la Hora del Juicio.
En estos días, la lectura que corresponde, según el Programa 177, es el Libro 2 de Samuel, el cual se centra en las dificultades que tuvo que enfrentar David no sólo por sus malas decisiones sino porque YEHOVAH disciplina a quien ama. David no había sido rechazado por YEHOVAH a pesar de haber cometido errores graves, pues tenía un corazón que amaba a Dios, lo cual le ayudó a recuperar su favor.
PROGRAMA 177 (2020-2021)
Hoy, los seguidores de Yeshúa que invocan el nombre de YEHOVAH, también nos encontramos expuestos a la corrección debido a todas las faltas que hemos cometido, sea a sabiendas o no, y también por el punto de vista erróneo y cerrado que a veces tenemos sobre asuntos que faltan aclararse. Ese período de juicio está por comenzar, y todo parece indicar que durará 1,600 días (los «estadios» de Apocalipsis 14), comenzando con la autoridad que se le concederá al gobierno mundial durante 42 meses lunares. No falta mucho para que esto llegue a nosotros como un período en el que tendremos que demostrar de qué nos ha servido examinar la Palabra de YEHOVAH durante nuestra carrera hacia la vida, porque será según reaccionemos a las pruebas que lograremos la aprobación final.
Las primeras calamidades
Las pruebas que afrontó David comenzaron cuando vio venir la muerte en su entorno familiar. Después de la muerte del hijo ilegítimo que había tenido con Batseba, su hijo primogénito, Amnón, violó a su media hermana, Tamar. Luego, en venganza, el hermano de Tamar, que se llamaba Absalón, mató a Amnón.
Estas cosas pudieron haber generado amargura y resentimiento contra Dios por parte de David, pero él mantuvo una actitud humilde y reconoció que lo que le pasaba era consecuencia de sus propias acciones. David entendía que YEHOVAH lo había instalado como rey, y que era él el que se encargaría de mantenerlo en el trono, si es que era su voluntad. Él nunca se tomó la libertad de pensar que él y su casa merecían el reino, pero dejó en manos de YEHOVAH todas las cosas concernientes al gobierno.
Ahora bien, la actitud de Absalón se parece mucho a la del Hombre Sin Ley, el «traidor» que se levanta para atacar a su propia «familia». Absalón usó habla engañosa y se ensalzó a sí mismo. Actuó con un espíritu falto de amor leal, y se asoció con Ahitofel, el consejero de David que prefiguró al traidor Judas de los días de Yeshúa. David, en vista del peligro que corría ante la traición de su propio hijo, tuvo que escapar de Jerusalén, al igual que el pueblo escogido de YEHOVAH tendrá que huir y esconderse ante el peligro de la Abominación de la Desolación:
Enseguida David les dijo a todos los siervos suyos que estaban con él en Jerusalén: “¡Vamos, huyamos de aquí o ninguno de nosotros podrá escapar de Absalón! ¡Rápido, para que no nos sorprenda y cause un desastre y mate a espada a toda la ciudad!”. Los siervos del rey le respondieron: “Tus siervos están dispuestos a hacer todo lo que mi señor el rey decida”. (2 Samuel 15:14, 15.)
David, en este papel, representó a la clase José/Benjamín al principio de los tres años y medio del gobierno mundial, y sus siervos representaron a quienes se juntaron con esta clase para seguir sus instrucciones.
Entre dos cruces del río
Existe una señal simbólica que se repite en las Escrituras y tiene que ver con el cruce de un río. La proscripción de 42 meses representa una «inundación» que viene contra los siervos de YEHOVAH. Es como un tipo de «Diluvio» que el pueblo de Dios tiene que cruzar bajo la protección divina, el cual no está exento de sufrimientos. Esos sufrimientos son como el llanto del bebé Moisés cuando fue rescatado de las aguas. Y es lo mismo que fue representado por la visión final de Daniel:
Entonces yo, Daniel, miré y vi a otros dos de pie allí, uno en este lado del río y otro en el otro lado del río. Y uno le dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: “¿Cuánto tiempo pasará hasta el fin de estas cosas maravillosas?”. Luego oí hablar al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él levantó su mano derecha y su mano izquierda hacia los cielos y juró por el que vive para siempre: “Pasará un tiempo fijado, tiempos fijados y la mitad de un tiempo. Y, cuando se termine de destruir el poder del pueblo santo, todas estas cosas finalizarán”. (Daniel 12:5-7.)
Así pues, los eventos del drama simbólico que ocurren desde que David cruzó el río Jordán para esconderse de Absalón hasta que él regresa a Jerusalén «enmarcan» el período de 42 meses (o «tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo») que vamos a afrontar nosotros.
Absalón actuó de un modo irrespetuoso y se burló de su padre al acostarse con sus concubinas en público. Esto debe corresponder con las blasfemias y el habla altiva del Cuerno pequeño que perseguirá a los escogidos. Pero las cosas no le estaban yendo tan bien, porque YEHOVAH hizo que el habla de Ahitofel, su consejero, fuese ignorada, lo cual le dio oportunidades a David para seguir escapando. Desde el momento que Absalón comenzó a reunir a su gente para ir en persecución de David, llegó el tiempo para cruzar el río y escapar a salvo:
Y después que se fueron, aconteció que entonces ellos salieron del pozo y siguieron adelante e informaron al rey David, y dijeron a David: “Levántense y pasen las aguas rápidamente; porque de esta manera ha aconsejado Ahitofel contra ustedes”. David se levantó inmediatamente, y también toda la gente que estaba con él, y siguieron cruzando el Jordán hasta que rayó el alba, hasta que no faltaba ni uno que no hubiera pasado el Jordán. (2 Samuel 17:21, 22.)
Hubo expresiones notables de lealtad por parte de los siervos de David, incluso siendo extranjeros algunos de ellos, como Ittái el guitita. Esto nos recuerda que aquellos de las naciones que se unen a la clase José/Benjamín van a estar apoyando la obra que ellos estarán haciendo durante el testimonio final.
En el período de pruebas de David hubo situaciones relacionadas con las traiciones y calumnias típicas del Diablo. Por ejemplo, Zibá calumnió a Mefibóset, uno de los protegidos de David, y David, por un tiempo, llegó a creer en esas calumnias. Aún así, David fue alimentado durante ese tiempo de pruebas, sin importar que ese alimento viniese de Zibá.
Por otro lado, Simeí, un benjaminita opositor, se plantó como acusador contra David, con el propósito de desmoralizarlo y hacer que se rinda de cansancio. ¿No es esto algo que hemos de esperar durante el período de pruebas? Ahora, nótese cómo se expresó David cuando uno de sus siervos le sugirió dar muerte a Simeí por su habla calumniadora:
Pero el rey le contestó: “¿Qué tiene que ver esto con ustedes, hijos de Zeruyá? Déjenlo que me maldiga, porque fue YEHOVAH quien le dijo: ‘¡Maldice a David!’. Así que ¿cómo va alguien a preguntarle por qué lo hace?”. David entonces les dijo a Abisái y a todos sus siervos: “Miren, si mi propio hijo, que salió de mí, quiere quitarme la vida, ¡con más razón un benjaminita! ¡Déjenlo! ¡Que me maldiga, porque YEHOVAH le dijo que lo hiciera! Quizás YEHOVAH vea mi sufrimiento y YEHOVAH me dé bendiciones en lugar de las maldiciones que me están lanzando hoy”. (2 Samuel 16:10-12.)
Y esto es algo que nos enseña a nosotros cómo reaccionar ante lo que se viene. Van a ocurrir situaciones que probablemente nos impulsarían a tomar la justicia por nuestras manos, pero debemos suponer siempre que YEHOVAH permite que eso pase por dos razones: (1) porque tal vez lo merecemos, ó (2) porque Dios permite que ocurra para que veamos si nuestro camino es de maldición o bendición. Al final de cuentas, estaremos en un período de JUICIO.
Ahora bien, Absalón se hizo un monumento, símbolo apropiado de la Abominación de la Desolación o la imagen de la Bestia:
Ahora bien, cuando Absalón vivía, se había erigido una columna en el valle del Rey, porque decía: “No tengo ningún hijo que conserve el recuerdo de mi nombre”. Así que le puso su nombre a la columna, y hasta el día de hoy la llaman Monumento de Absalón. (2 Samuel 18:18.)
Al final, como era de esperarse, la arrogancia de Absalón y lo llevó a caer ante el ejército de David, un evento que tiene que ver con el juicio del Mesías contra Babilonia la Grande y el Hombre Sin Ley. Aún así, David no se regocijó por la muerte de quien había sido su pariente cercano, pues siempre creyó que es YEHOVAH el juez y no el hombre.
Entonces, llegó el momento para el retorno del rey. Al culminar sus tribulaciones, fue acogido por sus apoyadores, quienes lo acompañaron para hacerlo regresar a Jerusalén. El cruce del Jordán fue emotivo y marcó el final de las pruebas, en armonía con lo que esperamos al cierre de los 42 meses:
Así, el rey se ganó el corazón de todos los hombres de Judá sin excepción, y ellos le mandaron decir: “Vuelve, tú y todos tus siervos”. Cuando el rey emprendió su regreso y llegó al Jordán, los hombres de Judá vinieron a Guilgal para encontrarse con él y escoltarlo a través del Jordán. (2 Samuel 19:14, 15.)
Entonces, después que su poder fue establecido, lo que corresponde con el principio del Reino del Mesías sobre la Tierra, David tuvo el poder de aplastar cualquier rebelión, como la que incitó Seba para quitarle el trono.
Entonces David le dijo a Abisái: “Seba hijo de Bicrí podría hacernos más daño que Absalón. Llévate a los siervos de tu señor y persíguelo, no sea que encuentre ciudades fortificadas y se nos escape”. Así que los hombres de Joab, los keretitas, los peletitas y todos los hombres poderosos salieron detrás de él; salieron de Jerusalén para perseguir a Seba hijo de Bicrí. (2 Samuel 20:6, 7.)
Curiosamente, parece que la rebelión de Seba corresponde con la última rebelión de los gobiernos del mundo contra el Reino. En el drama se ve a una mujer que arroja la cabeza de Seba por el muro de la ciudad para que la rebelión concluya, algo que nos recuerda a la muerte de Abimélec por una mujer en la ciudad de Tebez. Recordemos que la Mujer que mata al gobierno mundial es en realidad la organización celestial de Dios, la cual dirige Yeshúa como Rey.
Nota: La época de hambre que duró tres años, la cual vino por una matanza que Saúl había autorizado contra los gabaonitas (que representaron a las naciones que sirven a YEHOVAH durante estos tiempos), podría corresponder con los 42 meses de las tribulaciones que sufren los siervos de YEHOVAH.
La clase David
Luego de efectuarse varias correcciones, el drama concluye con otros simbolismos que tendríamos que ir entendiendo de modo progresivo. Sin embargo, está claro que nosotros debemos fijarnos con detenimiento en las actitudes y reacciones de David antes estas pruebas. ¿Por qué? Porque el ungimiento de David como rey prefiguró el ungimiento de la clase José, el cuerpo del Mesías, desde los días de la Primera Guerra Mundial.
Recordemos que 3,000 años después del ungimiento de David (1086/1083 aEC), es decir, entre 1915 y 1918, ocurrieron los dolores de parto que dieron a luz a la clase José, en 1919. Así pues, las experiencias de David no son específicamente del Mesías en nuestros días, pues él es perfecto y no peca, sino, más bien, son las experiencias de la clase José y sus apoyadores. En otras palabras, David representó al cuerpo del Mesías, el cual todavía está en la Tierra y tiene que ser refinado hasta alcanzar la aprobación.
Por lo tanto, tomemos en serio lo que dice la Palabra de YEHOVAH y aprendamos de las tribulaciones de aquellos que sirven a Dios. Esa información salvará nuestras vidas. De esa manera podremos hacer nuestras las palabras del famoso Salmo 18, el cual fue citado en el capítulo 22 de 2 Samuel:
“YEHOVAH es mi peñasco, mi fortaleza, mi libertador. Mi Dios es mi roca, en quien yo me refugio, mi escudo, mi poderoso salvador, mi refugio seguro y mi lugar adonde huir, mi salvador; tú eres el que me salva de la violencia. Yo llamo a YEHOVAH, quien merece alabanza, y seré salvado de mis enemigos. Las olas de la muerte rompían a mi alrededor; una inundación repentina de hombres despreciables me aterraba. Las sogas de la Tumba me rodeaban; las trampas de la muerte me amenazaban. En mi angustia llamé a YEHOVAH, seguí llamando a mi Dios. Entonces desde su templo oyó mi voz, mis gritos de auxilio llegaron a sus oídos. (2 Samuel 22:2-7.)
Julius