
El alcance de lo que se publica en este blog es limitado, y eso no me preocupa mucho por ahora en realidad, porque me siento contento cuando investigo las Escrituras y aprendo cosas que de otra manera no podría conocerlas. No creo ser el único en el mundo que se esfuerza por tener perspicacia para examinar profecías y dramas simbólicos, así que Yehová se encargará de darle a su pueblo el alimento al tiempo apropiado por la fuente que él disponga. Mis investigaciones continuará, aún cuando suelo mantener un error potencial de medio año en la percepción de los datos.
Lo que sí he llegado a entender, y espero estar en lo correcto, es que hay dos pueblos de Yehová en el mundo: Israel y Judá. El primero está compuesto por las ovejas esparcidas de las diez tribus del norte, quienes, saliendo de la cristiandad, están siendo reunidos alrededor de la clase José. Y el segundo está compuesto por judíos y benjaminitas que reconocen a Yesúa como el Mesías, e invocan el nombre de Yehová de un modo correcto (YEHOVAH).
He llegado a entender también que la división entre ambos pueblos es algo que provino de Yehová, y en el tiempo fijado por él estas dos naciones serán reunidas bajo el liderazgo del Mesías. Pero reconozco que este entendimiento, por más sorprendente que me resulta, no lo tiene de manera oficial la clase José (los JW). Y eso debe ser porque ellos han heredado lo que se conoce como teología del reemplazo, la cual dice que Israel fue reemplazado por el cristianismo.
En realidad, los primeros seguidores de Yesúa fueron un remanente de Israel que tuvo fe en él, liberados de la esclavitud al pecado y de toda condenación que la Ley de Yehová traía sobre ellos antes del sacrificio del Mesías. Los demás judíos fueron rechazados. Y el pacto que hizo Yesúa con sus discípulos fue una renovación del Pacto y no un reemplazo. Ahora obedecerían a Yehová al tener la Ley en su corazón, de manera correcta, según la Ley del Mesías. Porque la Ley todavía tenía muchas cosas por cumplirse, como por ejemplo, las Fiestas del otoño. Esas se cumplirían al volver Yesúa desde los cielos.
Así pues, aunque no es fácil de asimilarlo, la realidad es que todos los que hemos sido llamados por el Pastor Excelente, somos parte de Israel. Leer las Escrituras con esa percepción nos abrirá el entendimiento que necesitamos para afrontar la gran refinación que se avecina.
Seguramente, muchos que no están dispuestos a poner a prueba lo que creen me tildarán de apóstata por esta información, pero la verdad es que la apostasía es una rebelión contra la verdad de la Palabra de Yehová. Apóstata es el que va en contra de la verdad, no el que la busca. Puedo estar equivocado y eso no me hace apóstata. A decir verdad, yo aprendo y comparto. Y si me equivoco, me corrijo. Sinceramente, pienso que el miedo a descubrir la verdad de la Palabra de Yehová puede convertirse en un gran estorbo hacia el entendimiento y la perspicacia que se predijo en Daniel 12. Y yo no voy a ser negligente en mi estudio de la Biblia. Lo que aprendo, lo comparo con lo anterior. Y si veo que lo que aprendo tiene el sonido de la verdad, entonces reconozco no sólo la acción del Espíritu de Yehová, sino la información en el tiempo debido.
Eventualmente, bajo la guía de Yehová, vendrá la refinación final. Asumo, con toda sinceridad, que muchas cosas serán corregidas, pero la más importante será el reconocimiento de que José y Benjamín, a pesar de sus diferencias, tienen que ser unificadas, y así formar el pueblo que se describe en Apocalipsis:
Y el dragón se airó contra la mujer, y se fue para hacer guerra contra los restantes de la descendencia de ella, los cuales observan los mandamientos del Dios y tienen la obra de dar testimonio de Yesúa. (Apocalipsis 12:17.)
Aquí está lo que significa aguante para los santos, los que observan los mandamientos del Dios y la fe de Yesúa. (Apocalipsis 14:12.)
Ambas características deben ser cumplidas por «los restantes de la descendencia» de la Mujer, o sea «los santos»: (1) Observar los mandamientos del Dios, Yehová, y (2) observar la fe de Yesúa y mantener su obra de dar testimonio.
Yehová me llevó a abrir mis oídos a la clase José en los años 90, y percibí el sonido de la verdad. Siempre estuve orientado a buscar la verdad, y hasta cierto grado la encontré. Sin embargo, no sabía nada acerca de la existencia de dos pueblos, Israel y Judá. Y ese mensaje está en otro nivel de comprensión, el cual, sin rechazar el mensaje de la clase José, permite llegar a reconocer a la clase Benjamín. En realidad, Benjamín estuvo entre Judá y José por una razón específica: Servir de unión entre ambos pueblos. Y así como José y Benjamín se reconocieron y se abrazaron, esperamos bendición en el tiempo señalado.
No se puede, en circunstancias actuales, ir en contra de lo que la clase José enseña, que son cosas que heredó del cristianismo gentil con sus escritos griegos. Al contrario, la bondad de Yehová nos anima a estar asociados con ellos por la obra de testimonio que han dado por 100 años. Porque, en esencia, el mensaje que publican es correcto. Y si no observan más a fondo la Ley de Yehová que está en la Torá, no es porque sean desobedientes. En realidad, la clase José observa el espíritu de la Torá al compartir las Buenas Noticias. Simplemente, hace falta una refinación sobre algunos detalles. No se les puede juzgar, pues provienen de los gentiles.
No obstante, llega el tiempo de los zarandeos y las tribulaciones, porque Benjamín ya está naciendo, y se viene un período de tropiezos, correcciones y refinaciones que llevarán a la clase José, bajo la guía de Yesúa el Mesías, a unirse a Benjamín. Y ambos tendrán que reajustar su visión sobre lo que es el pueblo unificado de Yehová.
Prederminación de la división
Fue desde la bendición de Jacob para sus hijos que se vio claramente que dos tribus sobresaldrían de entre las doce: Judá y José.
De Judá, el elogiado, vendría el cetro para la obediencia de los pueblos, es decir, el Reino del Mesías de Yehová. Y José, por otro lado, como un retoño de árbol frutal, impelería sus ramas por encima del muro (la separación que existe entre judíos y gentiles), y también heredaría las mejores bendiciones de la tierra. Esto está en Génesis 49.
En realidad, cuando Yehová le prometió a Abrahán que las naciones se bendecirían mediante su descendencia, dio a conocer, de modo indirecto, que habrían dos grupos por venir: la descendencia de Abrahán (el Mesías y el Israel que reinaría con él) y las naciones (el Israel que sería gobernado).
De modo que Judá fue figura del gobierno, mientras que José sería figura de los que heredan la bendición que viene por el Reino. Sin embargo, para aclararlo mejor, tanto Judá como José serían el Israel que reina, y las personas que se reúnen alrededor de ambas clases serían el Israel que es gobernado. Porque la humanidad en general ha sido representada por Israel.
Ahora bien, José tuvo dos hijos, y el derecho de primogénito pasó de Rubén a José, por mandato inspirado de Jacob. Él mereció una porción doble: una para Efraín y otra para Manasés. De modo que Efraín, como primogénito, sería el representante de José y las bendiciones aplicarían a él. Luego, Jacob profetizaría los siguiente:
Sin embargo, Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, aunque era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés. De propósito puso sus manos así, pues Manasés era el primogénito. Y procedió a bendecir a José y decir: “El Dios [verdadero] delante de quien anduvieron mis padres Abrahán e Isaac,
el Dios [verdadero] que ha estado pastoreándome durante toda mi existencia hasta el día de hoy, el ángel que ha estado recobrándome de toda calamidad, bendiga a los muchachos. Y sea llamado sobre ellos mi nombre y el nombre de mis padres, Abrahán e Isaac, y aumenten hasta una multitud en medio de la tierra”. (Génesis 48:14-16.)
El nombre de Abrahán, Isaac y Jacob, es decir, el pueblo de Yehová, sería llamado sobre Efraín y Manasés.
Por lo tanto José dijo a su padre: “Así no, padre mío, porque este es el primogénito. Pon tu mano derecha sobre su cabeza”. Pero su padre siguió rehusando y dijo: “Lo sé, hijo mío, lo sé. Él también llegará a ser pueblo y él también llegará a ser grande. Pero, de todos modos, su hermano menor llegará a ser más grande que él, y su prole llegará a ser el pleno equivalente de naciones”. (Génesis 48:18, 19.)
En otras palabras, Efraín sería la equivalencia plena de todas las naciones. De alguna manera, Yehová se encargaría de que todas las naciones equivaliesen a la simiente de Efraín.
Y continuó bendiciéndolos en aquel día, diciendo: “Por medio de ti pronuncie Israel bendición repetidas veces, diciendo: ‘Constitúyate Dios como a Efraín y como a Manasés’”. Así siguió él poniendo a Efraín antes de Manasés. (Génesis 48:20.)
Con el paso del tiempo llegó el Éxodo, y la entera nación de Israel salió de Egipto para heredar la tierra de la promesa. Los dos únicos espías que desearon realmente heredar la tierra, a pesar de las circunstancias, fueron Josué y Caleb. Josué representó a Efraín y Caleb a Judá. Las otras diez tribus representarían a la humanidad alejada de Dios. Así pues, Judá y Efraín tuvieron el privilegio de escoger su herencia.
En la repartición de la tierra, ocurrió la siguiente situación:
- Dos tribus y media recibieron la zona este por anticipado (Rubén, Gad y medio Manasés).
- Judá recibe la herencia primero.
- José recibe la herencia después, primero Efraín y luego la otra mitad de Manasés.
- Las otras siete tribus recibieron la tierra por sorteo.
- Benjamín recibió su herencia primero, y su territorio estuvo entre Judá y Efraín.
Así pues, gracias a esta sombra profética vemos a Judá primero y luego a Efraín, pero Benjamín se encuentra en el medio, compartiendo incluso a Jerusalén como capital, llegando a ser como un puente de unión entre ambos pueblos. Es por ello que Judá y Benjamín llegaron a ser considerados como la nación de Judá, al sur.
Ahora bien, en los días de David ya se veía una sombra acerca de la división que vendría: Israel tenía 1’100,000 hombres que sacaban espada y Judá 470,000, según el censo ilícito que hizo el rey por incitación de un resistidor.
Joab entonces dio el total numérico de la inscripción del pueblo a David; y todo Israel ascendió a 1’100,000 hombres que sacaban espada, y Judá a 470,000 hombres que sacaban espada. Y a Leví y Benjamín no los inscribió entre ellos, porque la palabra del rey había sido detestable a Joab. (1 Crónicas 21:5, 6.)
Esta información existe como clave cronológica para poder determinar cuándo ocurrió la división de la nación, pero eso lo veremos luego. También nos ayuda a entender que la tribu de Benjamín tiene una consideración especial, al fin de los tiempos. No olvidemos que Benjamín, el hermano de José, nació cuando Raquel, quien representó el Pacto Abrahámico, murió.
La división llega
Después que Salomón se había desviado, casi al terminar su reinado de 40 años (1,000/999 aEC), Yehová declaró que el reino sería dividido. Diez tribus pasarían a estar bajo el control de Jeroboán, de la tribu de Efraín, y sólo quedarían dos tribus para que el reino de David continuase.
Es a partir de la división del pueblo de Yehová en dos que se cuentan dos períodos proporcionales que concluyeron con la desolación de ambos pueblos: El primero fue desolado cuando Asiria destruyó Samaria y se llevó al destierro a las diez tribus del norte («Israel»), alrededor de 723 aEC. Y el segundo fue desolado cuando Babilonia destruyó Jerusalén y dejó vacía la tierra de Judá, en 586 aEC.
La separación entre ambas desolaciones, al parecer, fue de 137 años y 4 meses. Y el tiempo que precedió a la primera desolación fue el doble, es decir, 274 años y 8 meses, los cuales debieron de comenzar en el otoño de 998 aEC.

Siempre he creído que la evidencia de diseño en la Cronología Profética tiene que llevarnos a encontrar perfección en todos los datos de tiempo. Así pues, yo veo aquí una clara señal de que tenemos fechas correctas.
El Error de Jeroboán debió de ocurrir en el otoño de 998 aEC. La celebración de la falsa fiesta que estableció Jeroboán en reemplazo de la Fiesta de las Cabañas, debió de ocurrir el 15 de Bul de ese año, en noviembre.
Por otro lado, se estima que la división del Reino ocurrió cuando el templo tenía alrededor de 30 años de existencia, y es por eso que se cree que 3,000 años antes, Adán también cometió ese mismo error, en un momento del otoño. ¿Podría haber ocurrido en el año 3998 aEC?
Bueno, entendemos que el templo fue inaugurado en Etanim de 1029 aEC y que Adán llegó a ser un alma viviente 3,000 años antes, es decir, en Etanim de 4029 aEC. Luego, el primer año de Adán comenzó en Abib de 4028 aEC. Así pues, tenía 30 años formales completos en Abib de 3998 aEC.
El asunto de la División, al parecer, está relacionado con la caída de Babilonia de alguna manera. Cuando partimos desde Etanim de 539 aEC, cuando Babilonia fue tomada, y contamos 3,460 años hacia atrás llegamos a Etanim de 3999 aEC. Y en el centro de ese período, a los 1,730 años, nos encontramos con Etanim de 2269 aEC, cuando supuestamente ocurrió la división de la humanidad desde la Torre de Babel. Según nuestra cronología, Péleg había nacido en 2272 aEC, unos tres años antes de 2269 aEC.
En cierto modo, tendría sentido que lo que ocurrió entre 3999 y 3998 aEC corresponda con lo que ocurrió 3,000 años después, es decir, en 998 aEC, cuando hubo la división Israel-Judá. Estoy convencido que esa división tuvo que ver con la disyuntiva a la que tuvo que enfrentarse Adán al escoger si obedecía o no obedecía. El libre albedrío que recibió tendría que ser puesto a prueba. Y cuando decidió mal, ese acto correspondió con el Pecado de Jeroboán, el Error de Israel… el Error de la humanidad en general.
Yehová nos ha puesto límites para encontrar la precisión en las cosas, pero con un poco de paciencia podemos percibir más o menos la sombra de la División en 998 aEC. En mi opinión, esta ocurrió a mediados de 998 aEC, o antes.
Las claves cronológicas del censo
Si partimos de la idea de que Benjamín nace cuando el Pacto Abrahámico llega a su fin y, según la ilustración de 2 Crónicas 21, en los 1’100,000 hombres de Israel que sacaban espada no se encuentra Benjamín, podríamos deducir que debemos contar 1’100,000 días desde agosto-octubre de 998 aEC y ver a dónde llegamos.
1’100,000 días es 3,011 años y 257 días.
Contados desde agosto-octubre de 998 aEC, estos 1’100,000 días nos llevarían a un día entre abril-junio de 2015.
Nota: En mi opinión, esto apunta al Pentecostés de 2015, alrededor del 26 de mayo, lo cual pondría como principio de la división el 11 de septiembre de 998 aEC. Pero si la señal apuntase al mes de Abib de 2015, entonces podría decirse que la división ocurrió en julio de 998 aEC.
Y esto confirmaría que en la primavera de 2015 se terminaron los 3,960 años (11 Tiempos) de la Era del Pacto Abrahámico, el cual comenzó en la primavera de 1946 aEC. Sería a partir de la primavera de 2015 que comenzó a formarse la clase Benjamín, unos 10 años antes de la primavera de 2025.
En lo que respecta a los 470,000 varones de Judá que sacaban espada, que serían 1,286 años y 299 días, estos se cuentan desde que comenzaron los juicios contra Judá debido a los pecados del rey Manasés. Y puesto que 1,286 años se acercan a 1,290 años, y entendemos que hubo 1,290 años entre 604 aEC y 687 EC, entonces cabría la probabilidad de que estos 1,286 años y 299 días hubieran comenzado en 601 aEC.
Recordemos que el Domo de la Roca, símbolo anticipado de la Abominación de la Desolación, fue instalado en algún momento de 687 EC, y el año 2021-2022 viene a ser el año 1,335 desde esa instalación. La existencia del Domo indicó que Jerusalén y su zona del Santuario ya no era, de ninguna manera, para los judíos. Así pues, tendríamos que contar en retroceso los 1,286 años y 299 días y encontrar el punto de origen.
Pues bien, suponiendo que eso ocurrió en julio/agosto de 687 EC (65 años después del nacimiento formal del islam, 622 EC), entonces los 470,000 días debieron de comenzar en octubre/noviembre de 601 aEC. De modo que los 40 años del juicio contra Judá comenzaron en ese mes, y concluyeron en octubre/noviembre de 561 aEC.
Ha de entenderse que el castigo por el Error de Judá por los pecados del rey de Manasés, en correspondencia con los 40 años de Ezequiel 4, comenzó tres años antes del destierro de Joaquín.
En marzo de 560 aEC, en la parte final del año 37 del destierro, Joaquín fue ensalzado por Evil-Merodac, rey de Babilonia. Eso ocurrió menos de medio año después de octubre/noviembre de 561 aEC. El primer año del destierro se contó desde el otoño de 597 aEC ó la primavera de 596 aEC, pues Sedequías había de reinar por 11 años completos, los cuales concluyeron en julio/agosto de 586 aEC. De modo que, si completamos los 40 años de juicios, diríamos que estos comenzaron entre el otoño de 601 aEC y la primavera de 600 aEC.
Nota: Esto, si es correcto, concordaría con el hecho de que la Sociedad de Naciones llegó a existir en noviembre de 1920 EC, exactamente siete Tiempos después de noviembre de 601 aEC. Al parecer, los 40 años del juicio por el Error de Judá comenzaron en simultáneo con un período de 2,520 años que comenzó en octubre/noviembre de 601 aEC. Y esto, a su vez, podría insinuar que en noviembre de 2020 EC, unos 100 años después, podría comenzar a funcionar el gobierno mundial.
¿Y cómo habría de interpretarse todo esto? Bueno, según mi limitada percepción, creo que los 1’100,000 días representaron el tiempo en el que todo el Israel de las naciones fue seleccionado con la excepción de la clase Benjamín. Posiblemente, es a partir de la primavera de 2015 cuando comienza una extensión de tiempo para que esa clase, compuesta de judíos mesiánicos, sea seleccionada.
Por otro lado, los 470,000 días representaron el tiempo hasta donde terminó la selección de los judíos que serían parte del Reino. De modo representativo, el que el Domo islámico fuese levantado en 687 EC, quizás significó que ya no sería seleccionado ninguno, hasta la venida de la clase Benjamín. Pero esa es mi interpretación personal. Quizás, al llegar el año 1,335 desde el Domo, todo Benjamín estaría completo.
Nota: Ha de recordarse la interpretación que hice acerca de los 7,000 días que se cuentan desde la destrucción del 11 de septiembre de 2001, la cual termina el 10 de noviembre de 2020. Con una diferencia de medio año, podría tomarse mayo de 2021 como el principio de la autoridad de 42 meses de la Bestia. Pronto se aclarará la verdad sobre esta diferencia de medio año entre el otoño de 2020 y la primavera de 2021. Sin embargo, estoy convencido que formalmente la última mitad de la Semana de Años comienza en la primavera de 2021.
La unificación de Israel-Judá
La profecía de Ezequiel 27 da a entender que Israel y Judá volverán a ser unificados. El palo de José y el palo de Judá llegarían a estar en la mano del Mesías después del período de refinaciones que va a empezar, y entonces las ovejas y las otras ovejas llegarían a estar bajo un solo rebaño, con un solo Pastor:
‘Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano YEHOVAH: “Miren, voy a tomar el palo de José, que está en la mano de Efraín, y las tribus de Israel sus socios, y ciertamente los pondré sobre él, es decir, el palo de Judá, y realmente los haré un solo palo, y tienen que llegar a ser uno solo en mi man». Y los palos sobre los cuales escribas tienen que resultar estar en tu mano delante de sus ojos. Y háblales: ‘Esto es lo que ha dicho el Señor Soberano YEHOVAH: “Miren, voy a tomar a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales han ido, y ciertamente los juntaré de alrededor y los traeré a su suelo. Y realmente los haré una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y un solo rey es lo que todos ellos llegarán a tener como rey, y ya no continuarán siendo dos naciones, ni estarán ya divididos en dos reinos. Y ya no se contaminarán más con sus ídolos estercolizos ni con sus cosas repugnantes ni con todas sus transgresiones; y ciertamente los salvaré de todas sus moradas en las cuales han pecado, y los limpiaré, y tienen que llegar a ser mi pueblo, y yo mismo llegaré a ser su Dios. Y mi siervo David será rey sobre ellos, y un solo pastor es lo que todos llegarán a tener; y en mis decisiones judiciales andarán, y mis estatutos guardarán, y ciertamente los ejecutarán. (Ezequiel 27:21-24.)
”Y tengo otras ovejas, que no son de este redil; a esas también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor. (Juan 10:16.)
Las «otras ovejas» que Yesúa mencionó son, pues, el Israel que es reunido desde los gentiles. Una parte pequeña de esta nación esparcida llegará a gobernar, como parte de los 144,000 esclavos de Yehová, y la gran mayoría de ellos, la parte no sacerdotal, vivirá en la Tierra, en el Paraíso restaurado.
La unificación ocurrirá entonces, como se dijo, después de los 42 meses del gobierno mundial. De hecho, se cree que esa reunión coincidirá con la llamada de Yesúa a sus escogidos de todo rincón de la Tierra, en el Día de Trompetas, el 1 de Etanim de 2024, más o menos. Los que tienen la esperanza celestial, representados por las clases José y Benjamín, serán llevados a los cielos para reinar con Yesúa por 1,000 años, y los que tienen la esperanza terrestre, el Israel unificado, serán protegidos del Día de Yehová y la Gran Tribulación.
Así pues, la desunión terminará. Que no te impaciente ver que tanto los cristianos como los judíos mesiánicos están divididos entre ellos. Esa gran masa tiene que ser preparada y refinada para que salga un solo pueblo. Y la refinación tendrá lugar durante los 42 meses de oposición y juicios. Más bien, preocúpate por familiarizarte mejor con la Palabra de Yehová y sus dramas simbólicos proféticos. De ese modo, cuando ocurran los cambios, te resulte más fácil comprender.
Julius Corvus